sábado, 22 de junio de 2013

Gracias


Antes de que nuestro momento se evapore del todo, quiero decirte que me has enseñado muchas cosas. Recordaré toda esta historia como se recuerda una buena cerveza: amarga, fría, y en deliciosa comunión con el calor. Porque es cierto también que hemos sudado mucho, que ambos tenemos las manos húmedas de tanto buscarle la ciencia a las letras.
            Quiero decirte que me has enseñado a codificar mis pecados con la elegante retórica de las putas de hoy, a desenvolverme con elocuencia en la semántica de una soberbia guarra posmoderna.
            He desarrollado un séptimo sentido para imaginar casa en el mar, niños y perro mientras tú me adelantabas por la derecha. He aprendido a leer tu pupila como una bola de cristal, en la que adiviné mientras follábamos la visión de nuestro último polvo. Pude intuir un adiós dulce, como son las cosas que sólo existen tras los graffitis de las ventanillas de tren.
No he aprendido aún a pasar página, pero sí a despegarme del papel, aunque me queme. Ahora sé saltar hacia el futuro como si me tirara a bomba en un charco de petróleo.
Como ves, he aprendido muchas cosas, muchas más de las que tú me has enseñado. Por todas ellas, y por las que ya no están por venir, de corazón,
muchísimas gracias.