viernes, 8 de marzo de 2013

De profundis



Si vais por la carrera del arrabal, apartaos, no os inficione mi 
pestilencia.
El dedo de mi Dios me ha señalado: odre de putrefacción quiso 
que fuera este mi cuerpo,
y una ramera de solicitaciones mi alma,
no una ramera fastuosa de las que hacen languidecer de amor
al príncipe,
sobre el cabezo del valle, en el palacete de verano, 
sino una loba del arrabal, acoceada por los trajinantes,
que ya ha olvidado las palabras de amor,
y sólo puede pedir unas monedas de cobre en la cantonada.
Yo soy la piltrafa que el tablajero arroja al perro del mendigo,
y el perro del mendigo arroja al muladar.
Pero desde la mina de las maldades, desde el pozo de la miseria,
mi corazón se ha levantado hasta mi Dios,
y le ha dicho: Oh Señor, tú que has hecho también la podredumbre,
mírame,
yo soy el orujo exprimido en el año de la mala cosecha,
yo soy el excremento del can sarnoso,
el zapato sin suela en el carnero del camposanto,
yo soy el montoncito de estiércol a medio hacer, que nadie
compra,


y donde casi ni escarban las gallinas.
Pero te amo,
pero te amo frenéticamente.
¡Déjame, déjame fermentar en tu amor,
deja que me pudra hasta la entraña,
que se me aniquilen hasta las últimas briznas de mi ser,
para que un día sea mantillo de tus huertos!



Dámaso Alonso, Hijos de la ira.



miércoles, 27 de febrero de 2013

La primera persona


" (...) Ahórrate esfuerzos, toda la literatura del mundo está en primera persona, incluido el manual de la autoescuela. Amor mío, ¿para qué quieres un pronombre si ya tienes un nombre? La primera persona es estar vivo y los otros son siempre los muertos (sí, ya lo dijo Amenábar haciéndose aire con un número de Rufus). Cielo, sujétame la muleta que te voy a contar. Creo que sigo vivo, pero eso es lo de menos. ¿Has leído cosas de las Cruzadas? Pues yo vengo de antes. Vengo de cuando en los kioscos había libros de bolsillo y tebeos baratos. Vivía en un país que no era más grande que un parque con un chaval pinchándose en un banco. Es muy complicado ir todos los días al parque sin caerse del columpio. Es imposible que un héroe no encuentre a su heroína. Entonces todo el mundo era muy pobre, igual que ahora (por eso tú y yo nos queremos tanto). La gente era tan pobre que lo único que tenía era la primera persona. Cuando íbamos al colegio y la maestra nos daba la gramática nos decía: “los pronombres; bah, los pronombres, eso son cosas de ricos.(...) ”

Javier Pérez Andújar, La primera persona. 


Esta y otras delicias en El Butano Popular









viernes, 8 de febrero de 2013

SaliMos

NOTA DE PRENSA DE LA COORDINADORA LA COMPLU EN LA CALLE:

LA UNIVERSIDAD MADRILEÑA SALDRÁ A LA CALLE EL PRÓXIMO 9 DE MARZO.

EL SÁBADO 9 DE MARZO CIENTOS DE PROFESORES DE TODAS LAS UNIVERSIDADES PÚBLICAS MADRILEÑAS, MÁS UNED Y CSIC, SALDRÁN A LA CALLE A IMPARTIR CLASES PARA REIVINDICAR SU LABOR COMO DOCENTES E INVESTIGADORES Y PARA PROTESTAR CONTRA LOS RECORTES EN DOCENCIA E INVESTIGACIÓN, LA SUBIDA DE TASAS Y LA PRIVATIZACIÓN DE LA UNIVERSIDAD PÚBLICA.

LA ACCIÓN SERÁ ORGANIZADA POR COORDINADORAS EN CADA UNA DE LAS UNIVERSIDADES, AGRUPADAS A SU VEZ EN UNA COORDINADORA CENTRAL, “LA UNI EN LA CALLE”.

EN UNA PRIMERA ESTIMACIÓN, SE CALCULA QUE AL MENOS 400 PROFESORES IMPARTIRÁN CLASE EN LA CALLE Y EN OTROS ESPACIOS ABIERTOS AL PÚBLICO DE TODA LA COMUNIDAD AUTÓNOMA DE MADRID.



Seguiremos informando.




jueves, 31 de enero de 2013

Volver, I



Tienen dieciséis años como dieciséis soles, como los (más de) dieciséis cubatas con los que he prometido emborracharme si logro salir viva de estos meses de turista en la adolescencia.

No escuchan, algunos ni hablan. No atienden, no piensan, no les interesa nada. Quizás tenga que ver con que no puedo parar de sonreírles, de observar y sonreír con disimulo a mi yo del pasado, con la mirada fija en algún punto de la mesa del profe viéndome a mí misma como alumna con la mirada fija en algún punto de la mesa del profe. Aprendo ahora que un profe es sólo un alumno estirado en el tiempo.

Lo más curioso, lo más bonito quizás, es que todo sigue igual. Ahí siguen las mismas mesas verdes tatuadas de iniciales anónimas, cimientos del ensueño en clase de matemáticas. Corazones geométricos y letras anguladas, tus iniciales y las de ese tipo del fondo sur del aula, el más punki y más rastudo y más lleno de piercings, al que has conseguido hechizar con tus gafas de culo de vaso y tu firme personalidad de filóloga en ciernes. Si ni te mira el culo, piensas, y vuelves a la trigonometría inútil, agarrándote a la vocación, el ancla a la felicidad en tu mundo de plastilina. Idiota, me diría ahora, que soñar no es gratis, que seis años es demasiado por que el pasado te dé una hostia de las que dejan marca.

Porque seis años he tardado en volver y aquí todo sigue igual. Las pizarras siguen siendo esas verdes ventanas a la vergüenza y al miedo de que todo lo que hagas puede ser utilizado en tu contra. Todo sigue sucediendo en la pizarra y en su perímetro de inseguridad. En la pizarra se precisan las fantasías de las erecciones nocturnas, se recrean las desigualdades y se mascan las tragedias.

Y qué bonito es tener un huequito en esa realidad en miniatura, ser parte de la frontera de esos cuerpos crudos con sexo de menos y vida de más. Sí, eso es sin duda lo más bonito. Lo más bonito es pensar que no hace tanto.

Que no hace tanto.




lunes, 21 de enero de 2013





Convertirse o subvertirse en este año de mierda en que me resbala la pedagogía, en que hago de mis espinas un método de abstracción. Y es lo que hay.  Abdico de mi vida para entregarme a un mañana de luchas y deudas. Preveo salidas de tono. Procrastino con ganas y lo asumo como forma de vida. Perjuro el futuro en junio. 

Dedico mis exquisitos ratos libres a rellenar mi currículum como quien rellena un sudoku sucio de un vagón de metro. Y a un máster inservible. Se me  hace costra la madurez sobre la ropa de andar por casa. Me macero en literatura de serie B. Reboto en mis agujeros.

Así me han llegado los 25, fabricando un día a día con píxeles de un pasado mejor. En ocasiones rumio alguna versión urgente de mí misma. Entonces me siento infiel porque aquí permanezco, poniéndole los cuernos a mis sueños en esta ciudad que se me agrieta encima, en esta galería de los errores que emana farsa cervantina. En este lugar donde parece coagularse el futuro más allá de los tornos de la RENFE. En este lugar donde, paradójicamente, sólo me quedan

         palabras.