domingo, 12 de abril de 2015
Domingo, resaca adolescente, masoquismo gratuito.
"La tristeza es un vaso que también se desfondó..."
jueves, 9 de abril de 2015
Vibran los segundos al borde de mis párpados, cristalizo en
los semáforos de Ronda de Valencia, regalo marranadas a los taxistas de Atocha
mientras Julia araña la puerta del coche como mis niños los minutos del recreo.
La mañana huele a pompas de sudor púber y plastidécor, a los besos a saldo en el
pasillo de 2º B.
La tarde resbala y rumia una imparable lesión cervical y
el tema 45, lírica culta y lírica popular en el siglo XV, los cancioneros,
Jorge Manrique, el romancero; el congreso de Semiosferas y la puta tesis y yo
me cago en Fer y en sus promesas de que llegará un apocalipsis dorado al filo
de la tercera Grand Cru.
Estrangulada por las 19.54 me sé ya incapaz de articular la
vida. Y me brota el futuro como una roca de un charco de petróleo, asomándose hipnóticamente
la certeza del dolor que prosigue a mi próximo naufragio. Me estalla la vida adulta a quemarropa, bajo unas nubes
primíparas que se empeñan en repudiar la primavera.
miércoles, 8 de abril de 2015
Reestreno
Pudiera ser
que aquí llegara yo
--en todo mi teatro--
con el libro indeciso de los gestos
que la noche nos busca
y la tranquilidad
de ser desconocidos
entre focos que alumbran
esta ciencia ficción de nuestra vida.
que aquí llegara yo
--en todo mi teatro--
con el libro indeciso de los gestos
que la noche nos busca
y la tranquilidad
de ser desconocidos
entre focos que alumbran
esta ciencia ficción de nuestra vida.
Pudiera ser
que aquí llegara hoy
sin creerme la historia que aprendimos
y trajera delirios
o canciones antiguas,
caballos de cartón
para seguirte, periódicos y anuncios
donde buscar tu nombre.
que aquí llegara hoy
sin creerme la historia que aprendimos
y trajera delirios
o canciones antiguas,
caballos de cartón
para seguirte, periódicos y anuncios
donde buscar tu nombre.
Pudiera ser también que nos extrañe
la ilusión que supuso saber desconocernos,
hasta llegar aquí,
fingidos en la voz, desdibujados,
como suenan los pasos de la soledad
en los cines vacíos de reestreno.
la ilusión que supuso saber desconocernos,
hasta llegar aquí,
fingidos en la voz, desdibujados,
como suenan los pasos de la soledad
en los cines vacíos de reestreno.
Sólo busco esta noche
lo que tus ojos buscan
cuando el placer nos cerca,
sólo entiendo el asedio de tus brazos
que no tienen pasado,
aunque tus cuerpos son
el escenario
donde mis manos miran la soledad perdida,
lo que tus ojos buscan
cuando el placer nos cerca,
sólo entiendo el asedio de tus brazos
que no tienen pasado,
aunque tus cuerpos son
el escenario
donde mis manos miran la soledad perdida,
y hoy
todo sigue encendido como entonces,
todo sigue encendido como entonces,
por que sólo nos queda
salir a saludar.
Crucemos los papeles que nos llevan
a la orilla del gozo y la ginebra,
sembremos con carteles nuestra piel
anunciando el horario
y las funciones,
el precio de la vida y sus manías,
los límites precisos de la escena.
Este mundo no es sueño como dicen
figuras de papel,
caballos de cartón desdibujados.
Luis García Montero
martes, 27 de enero de 2015
Köln, jazmines podridos.
"El tiempo como destellos brillantes, como un perpetuo pestañeo. Vivir bajo el eterno efecto de abrir los párpados y que todo haya cambiado.
De repente he abierto los ojos y estaba
aquí, en mayo, extenuada por los
efectos del trepidante ritmo latino que templa la habitación de al lado. No hacía mucho que mis ojos se habían cerrado por última vez en una fría madrugada de principios de diciembre, cuando caí en la cama agotada por el alcohol y el peso de mi
locura transitoria. Dormí dos horas, me levanté aún ebria. Me tomé un café sentada sobre la maleta, sintiendo el agua sucia y caliente elevando la temperatura de mi estómago arrugado. Era, probablemente, la mañana más fría que he tenido el
gusto de disfrutar en París.
No recuerdo cuántas veces escuché la sintonía hipnótica de la SNCF durante aquellas dos horas,
mientras lidiaba contra el sueño en la gélida gare de Saint Lazare. Porque aquel fin de semana fue eso, un
sueño, un delirio. Sigo creyendo que ese tren me llevó a un universo paralelo donde el invierno se transformó un rato en una primavera tibia y oscura. El tiempo fue una bruma sin sentido desde que sentí el olor húmedo de tu sudadera hasta que se fundió en el cristal del tren el vapor en el que me regalaste un par de
palabras.
Y llegué a aquella casa, a aquella cama
infinita donde no logramos encontrarnos. Y por fin, la paz. Me envolví en la funda nórdica como el regalo de unas navidades pasadas. Sólo desperté para volver a caer en el dulce sueño de tus palabras. Nos contamos un cuento y nos volvimos a dormir.
Dormida pero despierta, bajo la suave
diagonal del tejado, me deslicé por ese sábado como por todos
los que estaban por venir. Sobreviví sin beber
agua, drogada por la conversación amable y el
intercambio sin prisas de momentos de nuestro pasado infeliz, frase a frase, verso a verso, capítulo a capítulo de otros
veintipocos como los míos. Me ataste a ti desde dentro, de una manera hábil y sigilosa, en un silencio sólo alterado por el
crujir del edredón. Me anudaste el corazón dejando un hilo hacia afuera, sacándome por la boca un colgajo sentimental aún indefinido. Quiero pensar que está atado a ti con firmeza, que sigue conectándonos aún hoy, aún a nuestra manera.
Y luego volví a París, y de pronto fue invierno, y de repente
las mariposas ni habían sido siquiera gusanos de seda. Y las
palabras quedaron enterradas bajo la nieve, y los cuentos se quemaron al amor
de la chimenea.
Sólo quedó un manojo dobles sentidos brotando de entre la
mala hierba de los recuerdos. De entre esos hierbajos que crecen en la primavera de verdad,
de los que brotan sin querer unas flores violetas que siempre resultan ser las más hermosas del prado."
París, mayo de 2010.
Documentos sorpresa en una tarde gris de olor a flor violeta.
lunes, 26 de enero de 2015
Otras veces
Quisiera
estar en otra parte,
mejor
en otra piel,
y
averiguar si desde allí la vida,
por
las ventanas de otros ojos,
se ve
así de grotesca algunas tardes.
Me
gustaría mucho conocer
el efecto
abrasivo del tiempo en otras vísceras,
comprobar
si el pasado
impregna
los tejidos del mismo zumo acre,
si
todos los recuerdos en todas las memorias
desprenden
este olor
a fruta madura mustia y a jazmín podrido.
Desearía
mirarme
con
las pupilas duras de aquel que más me odia,
para
que así el desprecio
destruya
los despojos
de
todo lo que nunca enterrará el olvido.
Ángel González
(...que en las tardes que me huyen parece sangrarme).
domingo, 25 de enero de 2015
A mi edad.
jueves, 2 de octubre de 2014
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